Landon Donovan traza en redes sociales una ruta soñada para que Estados Unidos se corone campeón del Mundial 2026 en casa, mientras Mauricio Pochettino impulsa a la selección con un mensaje claro: hay que pensar en grande.

Hay sueños que se repiten generación tras generación. Estados Unidos vuelve a tener uno: ver su bandera ondear en lo más alto del fútbol mundial. Y en los meses previos a la Copa del Mundo 2026, ese sueño vuelve a tener voz y nombre propio: Landon Donovan, el eterno capitán, el hombre que simboliza la fe y la ambición del fútbol estadounidense.
“Ganar el grupo, vencer a Bélgica, eliminar a España, superar a Francia y levantar el trofeo ante Argentina.”
Con esa frase publicada en sus redes, Donovan no solo compartió una predicción: escribió el guion de una epopeya posible. Su mensaje recorrió el país como una chispa emocional, encendiendo una ilusión colectiva que trasciende los estadios.

Creer en grande
El contexto acompaña el impulso. Estados Unidos será anfitrión principal de un Mundial que organizará junto a Canadá y México, y quedó ubicado en el Grupo D, junto a Paraguay, Australia y el ganador del repechaje europeo, entre Turquía, Rumania, Eslovaquia o Kosovo.
El camino parece abierto, pero los sueños, como recuerda Mauricio Pochettino, requieren más que esperanza.
Desde su llegada al banquillo, el técnico argentino ha transformado el vestuario con una idea clara: no basta con competir, hay que creer.
“El objetivo es ganar el Mundial. Si no ganas, ¿qué más da? Del segundo no se acuerda nadie”, dijo con la serenidad de quien conoce la exigencia de la élite. “Marruecos en Qatar llegó donde llegó porque tuvo mentalidad de ganar. Nosotros, jugando en casa, debemos pensar en grande.”

El estratega y el símbolo
Pochettino, de 53 años, llegó a Estados Unidos tras una trayectoria brillante en Europa: consolidó su reputación en el Tottenham Hotspur, con el que alcanzó una final de Champions League, y posteriormente dirigió al Paris Saint-Germain, donde conquistó títulos domésticos y moldeó figuras como Mbappé y Neymar. Su estilo, basado en la disciplina, el equilibrio táctico y la ambición constante, encajó de inmediato con el fútbol en expansión que busca Estados Unidos.

Frente a él, en el plano simbólico, Donovan representa la raíz emocional de ese proceso. El ídolo del LA Galaxy, autor de 57 goles en 157 partidos internacionales y héroe en aquel agónico triunfo sobre Argelia en Sudáfrica 2010, sigue siendo la brújula sentimental del aficionado estadounidense.
Su mensaje no solo recordó viejos tiempos: encendió una nueva esperanza, una en la que pasado y presente se abrazan bajo una misma palabra: creer.
El país del optimismo
“A veces se gana antes de jugar, cuando decides creer en lo imposible”, escribió un aficionado tras leer la publicación de Donovan. Y quizá tenga razón.
Porque este Mundial será más que un torneo: será una prueba cultural para un país que aprendió a amar el fútbol desde la paciencia, la inversión y el orgullo.
Donovan apunta con el corazón; Pochettino diseña con la mente. Dos generaciones, un mismo sueño: que Estados Unidos deje de ser la promesa del futuro y se convierta en su propio presente glorioso.
