Escribe: Alberto Orellana Aragón
Hay un momento en el tenis en que la pelota todavía no ha comenzado a volar, pero el partido ya se siente en el aire, en la sangre, en el alma. Eso ocurrió en el Centro de Esparcimiento del Jockey Club del Perú. Las canchas esperaban en silencio, las raquetas todavía descansaban y, sin embargo, la Copa Davis ya estaba allí. Se podía sentir en las palabras de los capitanes, en sus miradas y en esa tensión inevitable que aparece cuando un país entero está a punto de entrar a la cancha.

Frente a los periodistas, Luis Horna y su colega paraguayo Paulo Carvallo hablaron de lo que viene. De los rivales, de las posibilidades, de la preparación. Pero detrás de cada respuesta había algo mucho más grande: la camiseta que defenderán desde este viernes 18 y sábado 19 de setiembre.

Horna conoce ese sentimiento. Antes de ser capitán fue jugador, y sabe que la Davis se juega de una manera diferente. Aquí cada punto pesa distinto porque detrás de la raqueta está la bandera, el escudo, el pabellón.
Mientras avanzaba la conferencia, el Jockey parecía guardar silencio para escuchar.Ya no faltaba hablar mucho.Faltaba jugar.
Perú y Paraguay están a las puertas de una nueva batalla de la Copa Davis. Y cuando la primera pelota cruce la red, hablará el tenis.Allí estarán las raquetas, las pelotas y los nervios. Allí comenzará la verdadera historia.
