Una historia de vida. Durante ocho años, José María Giménez pensó que su hijo no lo escuchaba. “Oye, te estoy hablando, respétame», le decía.
El central uruguayo, de 31 años, no lo sabía, pero estaba regañando a un niño que no podía hacer otra cosa. La realidad, contó en una entrevista con la Mutual Uruguaya de Futbolistas, era distinta: así funcionaba la cabeza de su hijo.
Lo supo hace poco. A Josema le diagnosticaron TDAH. Y a su hijo de ocho años, el mismo diagnóstico, al mismo tiempo. Cuando le explicaron que el trastorno es hereditario, se puso a llorar. Lloró por todo lo que no había entendido en esos ocho años.
También entendió su propia infancia. En la escuela le iba bien con las notas, pero su conducta le traía problemas. «Siento lástima por los profesores que tuvieron que lidiar conmigo», dijo. Era un niño con la mente a mil por hora.
Entonces tocó explicárselo a su hijo. No hubo palabras difíciles. Le dijo, «eres especial como papá».
Hoy los dos tienen la misma rutina: una pastilla cada mañana y la intención de concentrarse y mantener la calma.
A veces el capitán no lidera con la voz. Lidera diciéndole a su hijo: no estás solo, yo también soy así.
