El conjunto azulgrana le pasó por encima al Levante con un 3-0 que huele a renacimiento. Volvió Pedri, volvió la alegría y el Barcelona recuperó la cima de LaLiga con una actuación que devuelve la ilusión al Camp Nou.
El fútbol se parece mucho a la vida: a veces tropiezas y otras recuperas el paso con una sonrisa. Después de los golpes ante Atlético y Girona, el Barcelona necesitaba una tarde así, una de esas que curan. Y la encontró en casa, con su gente y con su brújula de regreso: Pedri.

La tarde empezó con nervios, pero el equipo se reencontró rápido con el balón y el gol. Primero apareció Marc Bernal, luego De Jong, y con eso el Barza se sacudió los fantasmas. Ya en la segunda parte, con el partido bajo control y el público ansiando otra noticia, entró Pedri. El Camp Nou explotó. No importó que perdiera un par de balones al inicio; lo esencial era volver a verlo correr, mover, mandar.
El cierre fue puro disfrute: Fermín rubricó la goleada con un zurdazo impecable y el Barza, además de celebrar, recuperó algo más que puntos: recuperó su esencia. Con 3-0 y el liderato en la mano, el equipo de Flick se reconcilia con su fútbol y con su gente.

