50 luces de ERICK OSORES El SER HUMANO detrás del PERIODISTA


Lejos de las luces del set y del ruido de los estadios, hay un Erick Osores que mira la vida con humildad, gratitud y una buena dosis de humor. Recién ingresó al club de los 50, como él dice, era un número, una cifra, un objetivo que él quería rebasar y lo cumplió, poniendo sobre el césped optimismo, resiliencia y coraje, virtudes que le han permitido forjar una larga, impecable y exitosa carrera en el periodismo deportivo, a pesar de una enfermedad que lo acompaña y que en determinado momento lo obligó a frenar en seco, pero que él aprendió a driblar con esa sabiduría que le transmitió Don Ernesto Osores, su padre, a quien el afirma que hoy seria su Chat GPT y a quien aún extraña. El periodista peruano abre el corazón para hablar no de fútbol, sino de sus miedos, sus afectos, sus recuerdos de niño, de sus padres, de sus amigos de siempre y de la amistad que lo une al polémico Gonzalo Núñez, a quien no excusa, pero escuda, y a quien entiende mejor que nadie

Esta es una conversación-tributo al ser humano, más allá del comunicador, del que rescato una frase que dijo durante una entrevista y la que ya quedó impregnada en mi mente: “La vida es una sola. Hay que vivirla y hay que atacarla”. ¡Arranca el partido!

• La vida, los 50 y la fecha de expiración

MGD: Erick, empecemos por lo básico: ¿dónde naciste, cuándo naciste y cómo vives esto de llegar a los 50?

EO: Bien, aquí estamos para las que sean. ¡Vamos a divertirnos! Yo soy de Lima, nací en el Hospital Rebagliati. Mi cumpleaños es el 22 de febrero y ahora he llegado a los 50 años. Hace un par de años, con el tema de salud que tengo, me puse un objetivo muy simple: “Quiero pisar los 50”. No era que me hiciera mucha gracia celebrar ni nada; no soy de cumpleaños, pero era un número, una cifra a la que quería llegar, que quería rebasar como un objetivo y, bueno, lo cumplí.

En algún momento pensé que mi fecha de expiración estaba más cerca, pero terminé entendiendo que eso no lo decido yo, ni siquiera los médicos. Uno puede tener diagnósticos, probabilidades, pero al final Dios es el que decide. Eso te coloca en tu sitio, te da una mezcla rara de humildad y rebeldía: no manejas el final, pero sí cómo peleas cada día.

Lo que más me dejó todo esto fue aprender a valorar. Antes vivía nomás, disfrutaba de mis éxitos, de las mieles; iba a mil. La enfermedad me obligó a detenerme en seco y a preguntarme qué de verdad tiene peso en la vida.

• El niño que quiso ser aviador y terminó en Ovación

EO: Cuando eras niño, antes del periodismo, antes de la TV, ¿qué soñabas ser? ¿Futbolista, como casi todos, o había otro sueño?

EO: Como casi todo peruano, el fútbol siempre estaba cerca, pero la verdad, de chico yo quería ser aviador. Me encantaba la idea de manejar un avión comercial, de estar en la cabina. Eso me duró hasta los nueve o diez años.

Después vino el golpe de realidad futbolera. Soy hincha de Municipal y me fui a probar al club. Tenía unos 15 años. El profe me puso a tapar contra muchachos de metro ochenta, metro noventa… Me hicieron siete goles. Al final me dijo algo así como “esto no es lo tuyo, anda al periodismo de repente”. Ahí, sin saberlo, me jubiló del fútbol y me encaminó a lo que terminó siendo mi vida. 

A los 16 ya estaba en Radio Ovación. Para mí, entrar ahí fue como jugar en la selección del 78. Estaba rodeado de monstruos, de cracks. Era un juvenil; apenas la tocaba, pero solo estar ahí ya era un logro enorme.

• Los monstruos de Radio Ovación

MGD: Hablas de “monstruos” en Ovación. ¿Quiénes eran y qué significó trabajar con ellos a los 16?

EO: No llegué a trabajar con Pocho Rospigliosi, que es una leyenda, pero sí con Micky Rospigliosi, que fue clave para que yo entrara. Tuve una recepción increíble de grandes del periodismo deportivo como Mario Grau, Rolly Cadillo, Elejalder Godos, Rafael Jacobo, Enrique Valdez, Vides Mosquera, Freddy Lazo… un plantel gigantesco, competitivo, respetado por toda la afición deportiva.

Para un chico de 16 años, eso era como que te llamaran de un día para otro a la selección. Yo apenas tenía minutos, pero cada palabra, cada corrección, cada broma de ellos era una clase magistral. Esa etapa fue uno de mis mayores logros personales.

• Colegio San Francisco y la U San Martín: la vida se abre

MGD: Cuéntame de tu colegio, de tus amigos de siempre y de tu paso por la universidad. ¿Qué recuerdas de esa época?

EO: De chico me mudé a Surquillo y estuve en un colegio pequeño. Después pasé a un colegio en Miraflores que marcó mucho mi vida. Se llamaba San Francisco. Ese colegio ya no existe, pero mis compañeros sí. Mi promoción sigue unida; seguimos viéndonos, conversando, riéndonos de las mismas anécdotas de hace décadas. Es lindo que un lugar desaparezca físicamente, pero siga vivo en las personas.

La etapa universitaria la hice en la Universidad San Martín. Ahí mis recuerdos son hermosos. Siento que ahí “me espabilé”. Las cosas ya dependían de mí, de mi esfuerzo, mis notas, mi disciplina. Trabajaba en la radio y estudiaba al mismo tiempo, y eso me hacía sentir muy gratificado. Además, la universidad te abre perspectivas, te mezcla con gente de distintos mundos. Es una época bonita de la vida y, en mi caso, rodeada de gente linda que hasta hoy, cuando la veo, me activa el corazón.

• América TV , Gonzalo y una dupla que se volvió culto

MGD: De la radio pasas a la televisión. ¿Cómo se da ese salto y qué representó “Fútbol en América” en tu vida?

EO: Yo siempre amé el periodismo, pero también tenía claro algo y te soy honesto: “tengo que hacer plata, me decía”. No quería pasar por la profesión sin llevarme el botín. Sabía que la televisión pagaba mejor, así que trabajé para llegar ahí.

A los 24 entro a Canal A y empiezo desde atrás, como siempre. Luego se da la oportunidad de América Televisión. Al comienzo dudé, porque el canal estaba tomado por el fujimorismo y yo tenía esa inquietud política juvenil, idealista, que finalmente dejé en el pasado. Aquella vez respondí: “lo voy a pensar”. Ahora pienso y veo las cosas como son,
como cuestan. Así que hay que trabajar. La clave de todo es trabajar. Hablando con alguien de confianza, me aterrizaron: “Tú vas a hacer deportes, no vas a conducir el noticiero político, anda y aprovecha”. Fui. Al mes cayeron Fujimori y los vladivideos. Cosas de la vida.

En 2002 arranca “Fútbol en América” con Gonzalo Núñez y ahí se arma una dupla que marcó época. Gonzalo era un loco divertidísimo, y yo lo secundaba. Éramos desenfadados, atrevidos, le faltábamos el respeto a varios moldes de la TV peruana, que siempre fue muy parametrada. Los niños se quedaban despiertos para vernos. Esos niños ahora son hombres de 30 años. Hasta hoy me lo dicen: “Me quedaba hasta tarde por ver el programa”. Eso, para mí, vale más que un pago.

En 2017, el gerente de América me dice: “Prepárate, vas a asumir la responsabilidad de deportes”. Gonzalo es mi hermano, y me dio mucha pena cuando se rompió la dupla en televisión. Aun así, el equipo de deportes quedó como un grupo de buenas personas, muy cuidado. Y con Gonzalo, el cariño no se rompió nunca. Hoy estamos otra vez juntos en un programa de YouTube, “Erick y Gonzalo”, y pensamos seguir inventando cosas, incluso en nuevas plataformas.

• Gonzalo Núñez, la amistad y los errores

MGD : Esa amistad con Gonzalo viene con muchas horas de trabajo, complicidades y también polémicas. ¿Cómo vives los episodios donde él se equivoca públicamente?

EO: Con Gonzalo hemos compartido de todo, incluso momentos en los que caminaba por la cornisa y lo ayudábamos a no caerse. Lo quiero mucho. Es una persona buena, es un millonario, muy campechano, muy lejos de cualquier racismo o cosas por el estilo. Pero tiene algo: no tiene filtro.

Lo que pasó recientemente fue en la radio, no en nuestro programa digital. Él dijo lo que pensaba en el momento, sin pasarlo por ese filtro que hoy todos necesitamos tener. La opinión pública es dura. Si te equivocas, te lo hace saber y él se “comió su apanado” (castigo) en redes. Pero también es cierto que este ambiente es así. El que no cae, resbala. Yo mismo, de vez en cuando, también me paso de la raya con algo que digo.

MGD: ¿Qué opinión te merece el reciente caso que envuelve a Vinicius Jr. y Prestianni?

No le daría toda la razón a una de las partes. ¿Pero tampoco podría alentar el hecho de ofender, no? A veces se cae en exageraciones y victimismos. Igual, eso no justifica ofender. Finalmente hoy la sociedad está en un proceso de reeducación. Realmente, donde se han visto casos de racismo es en Europa, no todos los europeos, claramente. En Sudamérica; ya no hay tanto de eso. Ya como somos todos mezclados. Creo que hay menos de esos episodios. La FIFA, con sus medidas, los ha terminado deteniendo porque si no serían realmente difíciles de controlar. Pero claro, ahí vienen las disyuntivas, ¿no? Porque, por ejemplo, dicen que no puedes aceptar el racismo, pero al árbitro sí le pueden mentar la madre. O sea, no puedes hacer esto, pero acá no respetas. Tendrías que parar con todo, no solo con ciertos temas, nada más. Al final, todo se resume en una palabra: Respeto.

• El peruano, el trabajo y la mirada al país

MGD: Vives orgulloso de tu país. ¿Qué piensas del peruano de a pie, de la política, del trabajo?

EO: Yo valoro muchísimo a mis compatriotas. El peruano es chamba total (Trabajador). Muchos tienen dos trabajos y no se mueren de hambre porque no paran. Por eso, cuando se dice que la política está mal y la economía se cae, pienso que en realidad lo que sostiene al país es la gente que no deja de trabajar, de vender, comprar, negociar, exportar, importar.

Siempre comparo Nueva York con Lima. Las dos son hervideros de gente comprando y vendiendo. Esa energía la siento muy nuestra. Podemos tener mil problemas, pero la cultura del trabajo está ahí.

• Los proyectos, las redes y un consejo que cambió el rumbo

MGD: Más allá de América y del podcast con Gonzalo, ¿en qué estás pensando a futuro?

EO: Hoy mi gran proyecto son las redes sociales. Es un proyecto personal, pero en realidad trabajamos alrededor de 25 personas, entre periodistas experimentados y practicantes. Es un grupo grande, variado, competitivo y eso me entusiasma.

Yo intenté varios negocios fuera del periodismo y en casi todos perdí plata. Hasta que le pregunté a alguien que había hecho mucha plata qué me recomendaba. Me dijo: “Haz lo que tú sabes hacer. Tu negocio tiene que girar en torno a lo que sabes”. Dejé de patear tanto fuera del área y me concentré en esto. No te diré que me estoy llenando de dinero, pero no pierdo y, sobre todo, me divierto. Eso, a estas alturas, pesa mucho.

También estoy pensando en seguir expandiendo el proyecto con Gonzalo a otras plataformas, hacer un programa de mañanas en otra red, seguir experimentando.

• La escritura, la mano rebelde y “Calumnia de opinión”

MGD: Sé que te gusta escribir. ¿Qué pasó con esa faceta?

EO: A mí me encantaba escribir. Hacía columnas y crónicas para diarios como El Bocón, por allá por el 2008, 2009. El director me daba buena retroalimentación, sentía que tenía picardía para escribir. De pronto, paré. Quizás lo retome.

Ahora tengo un problema en la mano, la tengo un poco quieta. El pulgar todavía me permite mover el teléfono, pero ya no es tan sencillo ponerme a tipear como antes. Eso me frenó un poco.

Mi columna se llamaba “Calumnia de opinión”. El nombre ya delataba que podía prevaricar (risas). Me gustaba ese juego de palabras. No descarto retomar la escritura con apoyo. Hoy se puede dictar audio, transcribir, revisar… la tecnología te da opciones.

• Los padres: Ernesto y Rosalía, un libro y un baile

MGD: Háblame de tus padres. ¿Quiénes son Ernesto y Rosalía en tu vida?

EO: A mis padres les debo todo. Mi papá, Ernesto Osores, ya no está conmigo. De niño no lo disfruté tanto; recién entre los 16 y los veintitantos se dio un acercamiento fuerte. Era un tipo muy inteligente, muy leído, muy preparado. Le preguntabas de lo que fuera y te respondía. Era un libro abierto. Yo lo admiraba un montón. Siempre digo que me gustaría tenerlo hoy; él sería como mi “ChatGPT” personal. Lo extraño muchísimo.

Mi mamá es Rosalía Patiño. Es una mujer luchadora, emprendedora, vivaz. Tiene 80 años y está parada, activa, preocupada por mí. Me corrige todo, me hace sentir sonso a veces, pero es su forma de cuidar. No me gusta mucho que me den órdenes, pero con ella no hay manera de negociar. Es mamá.

Ella es profesora de baile. Ha bailado toda su vida; ha dado la vuelta al mundo con la música peruana. Vive para y por el arte. Yo no heredé el talento. No bailo nada. En casa de herrero, cuchillo de palo.

• El niño solo, la casa grande y la creatividad

MGD: Mencionaste que creciste con mucha soledad. ¿Eso te marcó?

EO: Sí, bastante. Mi mamá viajaba mucho por el baile; yo no vivía con mi papá, sino con mi abuelo en una casa grande, vieja, medio abandonada. Para un niño de diez años, esa casa era el escenario perfecto para imaginar.

Esa soledad me obligó a desarrollar la creatividad. Hacía cosas locas, inventaba historias, juegos, mundos. Hoy creo que parte de la forma en que cuento el fútbol, de cómo veo las cosas, viene de ese niño que se entretenía solo en una casa enorme.

• El arco, los ídolos y el fútbol que no fue

MGD: ¿De qué jugabas y a quién admirabas?

EO: En la calle, en las pistas, jugaba de lo que sea. Pero mi etapa más seria fue en Municipal, ahí mi mejor momento, hasta que me jubilaron a los 15 con esos siete goles, como te comenté (risas). Dejé de jugar por un buen tiempo, hasta los 23 o 24, cuando retorné a las canchas. Me volví un arquero medio robótico, pero arquero al fin. Me encantaba la indumentaria. Los guantes, la camiseta, más ropa que juego, la verdad.

Mis ídolos eran los arqueros del Mundial 86: Jean-Marie Pfaff, el belga; Joel Bats, el francés; Schumacher, el alemán. También Fillol, aunque no era exactamente de mi época. Tenían ese aura de tipos distintos, valientes, un poco locos.

• Sobre amistades en el fútbol y la objetividad

MGD: ¿Has logrado hacer amigos entre futbolistas, técnicos o dirigentes?

EO: Amigos, amigos, no. La amistad es una palabra grande. Me llevo bien con varios, con respeto, con buena relación, pero siempre me metí en la cabeza que debía evitar vínculos demasiado cercanos. Sentía que eso podía influir en mis opiniones.

Tenía, y tengo, la obsesión de que mis opiniones sean lo más objetivas posible. Si eres muy amigo de alguien, inevitablemente te condiciona. Preferí mantener una cierta distancia por respeto a mi trabajo.

• La selección, la altura y las limitaciones

MGD: No puedo dejarte ir sin saber, ¿cómo ves hoy el proceso de la selección peruana?

EO: Difícil. Tenemos una escasez de jugadores con valor diferenciado. No tenemos jugadores en las mejores ligas del mundo. Eso limita mucho. El técnico que venga, se llame Mano Menezes o como se llame, no puede hacer magia.

Lo que sí creo es que la selección intentará usar la altura como arma: Arequipa, Cusco, Puno. Futbolísticamente estamos dando ventaja, así que la geografía puede ser nuestra aliada. Habrá que ver cómo se define el formato de clasificación pensando en mundiales con más cupos, pero más allá de eso, hay que ser realistas con el material que tenemos.

• Un cierre desde el agradecimiento

Detrás del periodista que ha narrado mundiales, discutido alineaciones y protagonizado noches inolvidables en “Fútbol en América”, aparece un hombre que se reconoce vulnerable, perseverante y agradecido. Un hijo que extraña a su padre, un orgulloso de su madre artista, un amigo leal de Gonzalo Núñez, un universitario que recuerda con cariño su paso por la San Martín y un exalumno del colegio San Francisco que mantiene viva esa fraternidad pese a que el colegio ya no existe.

Erick Osores llegó a los 50 años con la certeza de que la vida es una sola, que solo Dios decide la fecha de expiración, y que mientras tanto solo queda hacer lo que uno sabe hacer, trabajar, reírse un poco de sí mismo y seguir soñando, aunque ya no quiera ser aviador.

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