El Arsenal falló cuando el partido exigía control emocional y precisión defensiva, recordando a sus malos tramos de temporadas anteriores. Dominó posesiones largas, se adelantó pronto y tuvo el contexto a favor, pero terminó derrumbándose ante un Manchester United que entendió mejor dónde estaba el partido y cuándo había que golpear.
Los de Arteta se pusieron por delante tras una jugada larga y bien cocinada que terminó en un desvío desafortunado de Lisandro Martínez. El Emirates celebró el gol como la confirmación de un guion conocido: posesión, paciencia y ventaja temprana. Sin embargo, esa sensación duró poco. Un error grosero de Zubimendi en salida —impropio de su jerarquía— dejó solo a Mbeumo, que definió con frialdad para devolver al United a la vida.
El empate abrió un partido más incómodo para el Arsenal. El United, sin necesidad de dominar, empezó a encontrar espacios y a jugar con el nerviosismo local. Tras el descanso, el castigo fue mayor. Dorgu, con determinación y confianza, aprovechó otra acción mal defendida para clavar un disparo a la escuadra que dejó mudo al estadio. El Arsenal, por primera vez, quedó verdaderamente expuesto.
Arteta movió el banquillo y encontró oxígeno a balón parado. Merino, fiel a su instinto, apareció en el área para empujar el empate y encender un final que parecía inclinarse hacia el asedio local. Pero el United no se descompuso. Cuando el partido pedía cabeza, respondió con valentía.
Cunha, recién ingresado, asumió el liderazgo que nadie reclamaba. Condujo, levantó la cabeza y desde fuera del área firmó un disparo seco y preciso que decidió el encuentro. Un gol que no solo valió tres puntos, sino que confirmó el cambio de carácter de este United.
El 2-3 final coloca a los de Carrick en la cuarta posición y reactiva seriamente su candidatura a la Champions. Para el Arsenal, la derrota es más profunda que un marcador adverso: vuelve a evidenciar una fragilidad estructural en partidos grandes. En una Premier comprimida y sin margen, no basta con dominar. Hay que cerrar. Y el Arsenal, otra vez, no lo hizo.
