El Estadio Félix Castillo Tardío fue testigo de cómo la selección peruana cerró su calendario 2025 con una victoria trabajada ante Bolivia. Dos golpes en el tramo final—cortesía de Piero Magallanes y Bassco Soyer—permitieron que el equipo dirigido interinamente por Gerardo Ameli sellara un 2-0 que parecía esquivo durante 85 minutos de juego.
Un partido de laboratorio para caras nuevas
La apuesta de Ameli por convocar mayoritariamente futbolistas del torneo local convirtió este amistoso en una vitrina para jugadores que habitualmente no tienen oportunidades en la selección absoluta. El técnico interino de la SAFAP apostó por renovación y frescura, aunque el precio inicial fue un funcionamiento colectivo todavía en construcción.
El desarrollo del encuentro reflejó exactamente esa realidad. Perú y Bolivia se neutralizaron mutuamente durante los primeros 45 minutos en un ida y vuelta sin mayores sobresaltos. Las aproximaciones existieron, pero ninguna de las dos selecciones logró hilvanar jugadas que pusieran en verdadero aprieto a los arqueros rivales. El marcador en blanco al descanso era el reflejo fiel de dos equipos más preocupados por no cometer errores que por arriesgar en busca del gol.
La paciencia encuentra recompensa
El complemento mostró una Bicolor algo más decidida a inclinar la balanza. Las entradas desde el banco inyectaron frescura a un equipo que necesitaba desequilibrio individual para romper la paridad. La insistencia terminó premiada cuando el reloj marcaba 87 minutos: Piero Magallanes, delantero de Sport Huancayo, soltó un disparo desde fuera del área que encontró una desviación providencial en la defensa boliviana. El balón cambió de trayectoria y dejó sin reacción al guardameta altiplánico.
Tres minutos después llegó la tranquilidad definitiva. Juan Pablo Goicochea habilitó a Bassco Soyer en posición inmejorable, y el atacante del Gil Vicente portugués no perdonó ante el arco vacío. El 2-0 selló una victoria que, más allá del resultado favorable, deja interrogantes sobre el nivel de juego colectivo mostrado por esta versión alternativa de la selección peruana.
¿Qué deja este triunfo?
Para Ameli, el saldo es positivo en términos de resultado—siempre es mejor cerrar el año con victoria que con derrota—pero el contenido deja margen para la autocrítica. La falta de fluidez ofensiva durante la mayor parte del partido evidencia que juntar jugadores talentosos no garantiza automáticamente un funcionamiento aceitado.
Para varios de los convocados, este amistoso representó quizás su única oportunidad de vestir la blanquirroja en 2025. Algunos aprovecharon la vitrina mejor que otros, pero la realidad es que pocos lograron destacar lo suficiente como para instalarse en los planes de la selección absoluta de cara a las eliminatorias.
Bolivia, por su parte, continúa buscando respuestas en su preparación para el repechaje intercontinental de marzo. Este tropiezo ante un rival sudamericano no ayuda a generar confianza, aunque el contexto de amistoso de fin de año atenúa cualquier lectura catastrofista.
Pausa obligada hasta 2026
La selección peruana no volverá a la actividad hasta marzo, cuando arranque la primera fecha FIFA del nuevo año. Para entonces, la expectativa es que la selección absoluta retome protagonismo con jugadores de mayor jerarquía internacional y con un técnico definido—se espera que Jorge Fossati continúe al mando—para encarar los compromisos oficiales que se avecinan.
Chincha despidió el 2025 con una pequeña celebración futbolera. Nada trascendental, nada que cambie el panorama general del fútbol peruano, pero suficiente para cerrar el año con una sonrisa en un Estadio Félix Castillo Tardío que disfrutó de una victoria trabajada hasta el último suspiro.
