El técnico peruano que se puso del lado de las chicas futbolistas y les da oportunidades en el Latin Soccer Women ‘s Football Club
Hugo Navarrete, es un periodista de profesión quien hizo un alto a su carrera para adentrarse al mundo del fútbol femenino en el que se desempeña como entrenador. En su país, Perú, ha dejado mucha escuela y hace seis meses tomó sus cosas y llegó a Estados Unidos a buscar nuevas experiencias. Navarrete se acuarteló en la ciudad de Atlanta donde trabaja con 35 mujeres futbolistas, cada una con una historia real y que incluso llegan con sus hijos a los entrenamientos.
Reconoce que se encontró con la realidad de que las academias del fútbol masculino están adelante y tienen más preferencias que la femenina, pero eso significó para él un gran reto.

– ¿Desde cuándo trabajas en Estados Unidos?
– Ya tengo trabajando seis meses en el proyecto Latin Soccer Women ‘s Football Club. Es un proyecto muy interesante, me enganché con el fútbol femenino. Trabajar con las chicas es algo que me encanta particularmente.
– ¿Cómo nace el proyecto?
– Hubo interés por hacer algo y al comienzo no sabía como sería porque la cultura y el manejo estructural es diferente. Con unos amigos empezamos a trabajar en el proyecto y dijimos en fútbol femenino y nos percatamos que acá en Atlanta hay falta de oportunidades especialmente para las mujeres latinas y es así como nace Latin Soccer Women ‘s Football Club.

-¿Entonces manos a la obra?
– Decidimos lanzarla con una pequeña inversión, conseguimos cancha y uniformes. Hicimos la convocatoria que sería lo más complicado. Fue publicidad a través de las redes sociales y lanzamos el proyecto un 28 de julio.
-¿Cuáles fueron tus experiencias iniciales?
– No sabíamos cuántas chicas íbamos a tener y tras la convocatoria llegaron seis a una cancha en Doraville, aquí en Atlanta. Luego fueron tres más y ahora sumamos a 35 chicas como parte del grupo y del proyecto.

– ¿Respondieron las muchachas?
– Tras lanzar los anuncios y hacer publicidad en el Facebook (empezamos a pagar una cuota) las chicas empezaron a contactarse en las redes sociales mostrando su interés. No fue fácil al comienzo, iban y dejaban. Algunas por razones económicas. En este rubro es importante que tengan mayor constancia y participación en un proyecto más estable. Estamos tratando de cumplir esas metas participando en torneos y ganando. Empezamos a sonar.
-¿Son en su mayoría latinas?
– Son americanas de nacimiento, pero casi todas de padres latinos. Eso es lo maravilloso del fútbol, la diversidad a la que puedes llegar a través de la pelota. Trabajamos contentos de cómo se han ido dando las cosas, queremos darle una mayor envergadura al crecimiento, y recursos. Tenemos claro que hay muchas chicas que quieren jugar fútbol aquí en Atlanta. No tenían la oportunidad, pero nosotros nos pusimos de su lado y eso fue la causa del éxito del proyecto.

Hay tabú
-¿La palabra tabú está presente en el fútbol femenino?
– El tema es social , los latinos seguimos teniendo un arraigo machista al considerar que el fútbol todavía es exclusividad para los hombres. Hay que contrastar que en Perú cada vez hay más mujeres que quieren jugar y en Colombia de cada 10 niños, cinco chicas practican fútbol. En Atlanta hay más amplitud en ese sentido, pero eso no quita las preferencias de las escuelas masculinas sobre las femeninas. Vamos en la dirección a dar más oportunidad a las chicas y hacerlo libremente sin ningún tipo de tabú o discriminación.
-¿Las rutinas de trabajo son complicadas?
– Entrenamos dos veces por semana y tratamos de competir los fines de semana. Son 12 o 14 chicas por cada entrenamiento. Se trabaja en lo físico y estamos abocados en dar un trabajo más coordinativo, pues hay chicas que quizás no tienen la base. Hay que ser claros, se sabe que hay chicas que juegan y otras en las que hay que trabajar más.

-¿Cuál es tu reto inicial?
– Hay un reto mayor de las chicas que recién se están iniciando, van conociendo cómo desarrollar esa parte deportiva y el trabajo va de menos a más. Se van adecuando, desarrollando y su desempeño cada vez es mejor.
– Hay técnicos que han tenido problemas para trabajar con niñas. ¿Cómo manejar ello?
– No he tenido ningún problema en ese sentido pues la experiencia que tengo con el trabajo de mujeres es muy horizontal. Soy muy respetuoso de ellas y ellas de mí. No hay un trato directo y no hay que tener un contacto físico con ellas en los saludos. La jugadora sabe que la raya de respeto está bien marcada y se va creciendo en un ambiente cordial.

-¿Te enojas con tus chicas cuando no se dan los resultados?
– Cuando uno compite, el objetivo es siempre ganar, pero para lograrlo hay que trabajar, tener un equipo (chicas habilidosas), un buen trabajo físico y táctico para ser un cuadro más sólido hacia el futuro. Nos ha tocado ganar y perder, pero no es una obsesión triunfar en ese nivel sino pulir detalles (Hay chicas que no saben ni correr y tienen dificultades para coordinar). No vamos a querer ganar por ganar, sino porque hay una estructura y el equipo juega bien.
– ¿Satisfecho con tu grupo de trabajo?
– En el equipo tenemos 35 chicas increíbles como personas. Creemos que está primero la persona que la deportista. Si es una buena persona se va a convertir en una buena futbolista, sino es así es difícil que llegue a su pico como deportista de élite. Unas con mayor aptitud y otras con mayor talento, pero todas con las mismas ganas de dejar una huella y hacerse un nombre aquí en Atlanta en una ciudad en la que las cosas no son nada fáciles.

-¿Habrá grandes historias de las protagonistas?
– No tengo la menor duda de que cada una de ellas pone en los entrenamientos y partidos lo mejor de sí. Hay muchas historias como que algunas que tienen hijos y los llevan a los entrenamientos (no tienen a quién dejarlos) y algunas que hacen un sinfín de cosas para trasladarse (no tienen movilidad) y otras que no les alcanza el dinero. Reitero que hay historias particulares que enriquecen el trabajo y eso es un plus para sentirme orgulloso de ellas.
-¿La convocatoria para los partidos es abierta?
– Las 35 pueden asistir es libre y todo es de acuerdo a su disponibilidad que no tengan trabajo ese día, que no estudien…Está claro que las que tienen mayores condiciones técnicas son las que terminan jugando. Sé está amalgamando un grupo para llevarlo al futuro como equipo.

-¿Y de qué edades tienen?
– Entre los 17 y 38 años son chicas que quieren jugar porque lo han hecho en sus países y quieren retomar. Quieren ser futbolistas y nosotros le damos la oportunidad de estar en un club organizado. Te cuento que tenemos a una chica de 13 años que entrena de manera diferenciada.
– Estados Unidos es potencia en el fútbol femenino. ¿Cuál es tú perspectiva tú al respecto?
– Como en todos lados hay niveles: primero está la Liga Profesional Femenina, es la élite del fútbol, y debajo de ella está la Liga Universitaria (es muy fuerte). La Liga Profesional trae jugadoras de élite de todas partes del mundo y con esta base bastante amplia Estados Unidos llega a ser potencia mundial. También se puede mencionar que el fútbol que se juega en los parques es masivo. Solo faltaría ordenarlo y darle una mayor infraestructura.

-¿En tu estadía en USA te estás relacionando con técnicos de otras latitudes?
– He estado haciendo algunos cursos, conoces gente y técnicos la mayoría trabaja en las academias y aún me falta tener contactos con los equipos profesionales. Estoy haciendo amigos y pienso hacer más, cada uno habla de sus cosas , compartimos ideas, me hablan de su realidad y son conversaciones muy ricas. De los 52 Estados en USA solo 12 tienen fútbol profesional femenino.
Trabajó en Proyecto Perú- Colombia
– ¿Cómo se da tu ingreso al fútbol?
– Empezaré diciendo que ya llevo en esto 35 años. Me iba bien empresarialmente, tenía cercanía con amigos y gente que estaba vinculada al club Sport Boys. Me invitaron para trabajar en menores y empezamos hacer algunas cosas. Llegué a ser dirigente en el tema de menores que es lo que me encanta, siendo presidente de la Comisión de Menores del club en tres oportunidades. ¿Sabes? Me di cuenta que el fútbol tiene gran poder de cambio para los chicos y me uní a estos proyectos. Participamos en torneos, le dimos impulso al club y cambiamos muchas cosas. Siguen dando sus frutos.

– ¿Y se te han presentado otras oportunidades?
– En el año 2013 nos llaman para vincularnos en un proyecto internacional que manejaba la Embajada de Colombia con Naciones Unidas para hacer un proyecto de fútbol femenino y lanzamos la escuela Perú-Colombia con gran éxito. Fue algo maravilloso y desde ahí me conecté al fútbol femenino.
-¿Qué sucedió después?
– En el año 2015, el proyecto cambió de nombre y lo tomó la Embajada de Estados Unidos y UNICEF. Pero retrocedamos en el tiempo para contar la historia. El Gobierno de Colombia tiene un proyecto deportivo para su país, me contactaron para manejarlo. El trabajo era para hacerlo en el país cafetero, pero finalmente no se desarrolla ahí. Le digo a Colombia que podría ser en Perú, pero ellos ponen la condición que se firme un convenio con el IPD, algo que nunca se dio por parte de Francisco Boza (presidente de ese entonces). Nos quitan los fondos, pero como me había enamorado del proyecto decidí hacerlo por cuenta propia y fui gestionando apoyo de todas partes.
-¿Fue una labor fructífera?
– Desde el 2013 al 2015 pasaron 8 mil chicas de todo Lima , pues llegamos a trabajar en los Parques Zonales. Fue un proyecto sensacional que causó mucho impacto en la parte social. Hasta ahora hay chicas que arrancaron en el proyecto y siguen jugando. Ya en el 2023 pasé a trabajar en la Universidad San Martín y dejé este proyecto para venirme a trabajar a Estados Unidos.
