Incomoda el ingenio, el virtuosismo y la creatividad de los especialistas en emociones.
Si a mi compañera le confieso que el fantasma de un gran amor visitó nuestro lecho conyugal no se incomodaría porque sabe que tal aparición es del periodismo deportivo.
Hace buen tiempo que me separé voluntariamente de este idilio que nació en los palcos de prensa, estadios, courts y circuitos de competencias. Aunque a veces me interrogo cómo es que llegué. Sin duda, por herencia familiar. O por esa suerte de enfermedad contagiosa. O por su propia emoción me animé por la facultad de Bausate y Meza.
Desde entonces, fui primo hermano de la frotación Charcot (¿la recuerdan en el camarín?), sobrino del aparatito revejido que entregaba Héctor Madrid de Ovación para hacer “planta baja”; y compadre de las fuentes de información. Escribir de deportes siempre resulta familiar.
Hoy trabajo en los noticieros de televisión. Con la misma pasión, claro está. Pero con énfasis en la realidad nacional y en la geopolítica global. Caminar por redacciones de diarios, emisoras y tevé generó una valiosa experiencia a lo largo de coberturas en el país y en el extranjero. Cuando se cubría necesariamente en el punto, con carnet del Círculo, no como ahora que ya no es necesario acudir.

Este gran amor es una playlist de referentes que entiendo las nuevas generaciones desconocen. Mentores que no están más en los estadios ni en las redacciones. Pocho Rospigliosi, por ejemplo. Tremendo adelantado del periodismo. Koko Cárdenas, docente en el/mi colegio Mariano Melgar de Breña. Tito Navarro, una fiera a quien la fiscalía anticorrupción de Miami le dio la razón, (pero un jurado del pueblo le dijo que no). Sumo a mis hermanos Lorenzo y Miguel. Lolo, un empresario y titulador ingenioso. Miguelito, un sabueso riguroso de la legalidad deportiva.
Y otros colegas que recuerdo con fervor: Javier “El Gato” Chávez, Juan “El Zorro” Álvarez, Enrique Roel Miranda, Víctor Arce, Juan Carlos Talavera, Alberto Best, Luis Trujillano, Eloy Jáuregui, Gladys Grimaldi… Susana Mickle, Marita Molina, Carlos Baltazar, el chinito Pablo Lores, y siguen nombres. Genios del periodismo deportivo que fueron protagonistas durante la paradoja del fracaso del fútbol peruano (post Eliminatorias México 86) y durante la gloria patriótica del voleibol femenino y del tenis en Copa Davis.
Referentes que fueron testigos de la historia del ocaso y esplendor de nuestros representantes compitiendo por el país.

Épocas que fueron antesala de las tecnologías actuales. Pocho y su recurso de bucear en los diarios recibidos de los vuelos internacionales, digamos, fue el Google de esas horas. La muletilla tan popular “Ya llegan los goles de Cubillas” abrió camino a lo viral, a la tendencia y a los hashtags. Twitter bien pudo iniciarse en la columna rajona de Jesús Ángel en el diario Ojo. Los enlaces en vivo desde el viejo Estadio Nacional hasta la Bombonera de Buenos Aires para entrevistar al afamado periodista José María Muñoz, de Radio Rivadavia, anticiparon la mensajería instantánea. ¿A qué no?
¡Qué tiempos! El periodismo deportivo se bifurca. Espero equivocarme. Veo jóvenes preocupados por ser póster antes que periodistas. Discutiendo a entrenadores que saben mucho de las derrotas y de las victorias y de las eliminaciones precoces y de lo peor: los fracasos. Ex futbolistas y oportunistas opinantes que maltraen el idioma con lugares comunes, clichés, argumentos fofos y perogrulladas. Y otros que “analizan” específicamente al equipo favorito del partido, mientras que para el rival tienen una 9 milímetros que invisibiliza.
Es como si las ideas, la chispa barrial, los cojones para decirlo con todas las letras, la mofa, la joda, la entretención, la competencia periodística, el ampay en el Miramar (¿recuerdan semejante primicia de Todo Sport?), se terminaron.
Es decir; mirando el retrovisor casi todo permanece en el mismo punto de aquél día que me fui. (Otra vez espero equivocarme). La práctica periodística que llegó a ser una catarata pareciera de alambique. Titulares reincidentes. Poquita creatividad. Debutantes sin el fuego del esfuerzo. No hay reseñas, ni perfiles, ni anécdotas. Tampoco notas humanas que moqueen. Debates que se instalen en la memoria colectiva. Humor que recree el sinsabor.

Relatos poco imaginativos y cero cautivadores. Algo pasa. Para que nueve años después Gol Perú cierre definitivamente sus actividades es porque el fútbol peruano sigue siendo un gran negocio (de otros más pendencieros).
Sin embargo, aquí estamos. Pegando la vuelta con los faros encendidos luego del apagón que nos dimos (Ojo: no refiero a Matute). Justo en el último trimestre de este 2025. En pleno solsticio de invierno. Montados sobre este miura digital llamado Miami Gol.
Es un buen final de año para Miami Gol. Y ojalá un perfecto inicio del venidero. Lo que bien termina, mejor empieza. Aquí coincidimos un grupo de soñadores aplicados en la tarea de reportear situaciones festivas. Claro que sí: con las locuras del nuevo periodismo, también.
¡Feliz Año Nuevo 2026!
