Francia es una selección de quilates de oro. Si no está Mbappé o Dembelé, aparece la magia de Michael Olise para liquidar el pleito a falta de tres minutos para el final. Triunfazo sobre Bélgica en Bruselas para puntaje perfecto en el Grupo 1 de Nations League. Y ahora que venga Italia.
Una obra de arte de Olise que fue suplente, pero aprovechó la primera que tuvo para decantar la balanza a favor de los galos. Zidane sumó su segundo triunfo en el banco de Les Bleus, convirtiéndose en el primer seleccionador francés en lograrlo en el siglo XXI.

Hasta nueve cambios realizó Zizou respecto al equipo que había ganado a Turquía el viernes. Lo había avisado en la previa. Camavinga acompañó a Da Cunha y Akliouche en el centro del campo y, en ataque, debutó Esteban Lepaul como titular.

Francia fue de más a menos. Controló durante los primeros 15 minutos el encuentro, moviendo de lado a lado a Bélgica, e incluso pudo adelantarse. El travesaño de Doué tras una jugada maravillosa y Ngoy, en la línea de gol, evitó el 0-1 de Kalulu.
Esos primeros minutos deben servirle de referencia a Zidane para el futuro. Francia acumuló varios tramos de muy buen fútbol, una intención clara de jugar que no se había visto con Deschamps.

Sin embargo, a Zidane le falta tiempo para afinar los automatismos defensivos. Bélgica, con envíos en largo, encontró continuamente la espalda del debutante Andy Diouf. Se acumularon las llegadas en el área de Maignan, la más clara tras un disparo de De Bruyne.
Francia empezó dominando el complemento, generando ocasiones e incluso tuvo otro poste, esta vez de Da Cunha, una de las mejores noticias para Zidane del encuentro. Pero a Les Bleus les faltó pólvora. El partido lo cambió la entrada de Lukebakio, que fue una pesadilla para la defensa gala.
El exjugador del Sevilla perdonó un mano a mano con Maignan que supuso la oportunidad más clara para los Diablos Rojos. Después, tras una acción brillante sobre Lacroix, volvió a estrellarse con el golero francés.
Sin embargo, apareció Olise con tres toques previos a la jugada del partido. Una arrancada monumental del jugador del Bayern, destroza a su marca y saca un zapatazo. El balón ingresó como un misil para tres puntos claves del once de Zidane.
