En un lugar de la Mancha…vivía un Quijote del arco
Escribe: Alberto Orellana Aragón
«Ladran, Sancho, señal que cabalgamos»
Cita atribuida a la obra Don Quijote de la Mancha
«En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…», escribió Miguel de Cervantes para presentar al caballero más famoso de la literatura española. Esta historia podría empezar de forma parecida: en un lugar del Atlántico, de cuyo nombre muchos aficionados al fútbol apenas habían oído hablar, vivía, no hace mucho, un electricista que soñaba con ser arquero…y su fiel escudero era su Mamá.
Una mancha en el mapa
Esta no es solamente la historia de tres o cuatro partidos del Mundial. Es la historia de una isla perdida en medio del océano, una mancha en el mapamundi del fútbol, de apenas medio millón de habitantes, sin liga profesional y debutante en una Copa del Mundo. Es la historia de Cabo Verde y de uno de sus últimos caballeros andantes, que se convirtió en ejemplo y orgullo de una nación.
Como Dulcinea
Atlanta-Georgia, Miami-Florida, Houston-Texas y el mundo entero estaban preparadas para una fiesta española, uruguaya y saudita. Cabo Verde, en cambio, aparecía como un invitado inesperado en el banquete de los gigantes. Entre los palos estaba Josimar José Évora Dias, “Vozinha”, un arquero de 40 años que hoy milita en la segunda división portuguesa y que, durante años, se ganó la vida entre cables, enchufes y herramientas.
Arquero andante
A lo largo de su vida enfrentó a verdaderos molinos de viento: subsistir, salir de la pobreza, cumplir sus sueños a contra viento y marea, clasificar a Cabo Verde al Mundial… Ya en la Copa 2026 no iba a ser la excepción, los molinos alcanzaron dimensiones estratosféricas. España, Uruguay, Arabia Saudí, gigantes futbolísticos y económicos, chocaban con el mismo muro. “Vozinha” volaba de palo a palo, atrapaba centros, rechazaba remates y multiplicaba sus reflejos. Sus guantes y su espíritu parecían más grandes que el arco, que el estadio más imponente.

Hijo, he ahí a tu madre
El empate que le arrancó a la poderosa España destapó una historia aún más conmovedora. A su madre le habían negado la visa. Después del partido, no pasó ni 48 horas para que Doña Ana se reuniera con su hijo en tierras estadounidenses. Por eso y muchas cosas más, Cabo Verde dejó de ser una pequeña mancha en el mapa para convertirse en el centro de atención del planeta fútbol.
La isla de la fantasía
Sus jugadores representaron con dignidad lo que es su país: un archipiélago volcánico formado por diez islas y varios islotes, pequeño en territorio, pero con un orgullo ardiente.
Y si los perros siguen ladrando, que ladren. Porque Cabo Verde ya no cabalga solo: desde hoy entró para siempre en la novela eterna del fútbol, donde los gigantes y poderosos también aprenden a inclinar la cabeza ante los sueños de los pueblos y las islas olvidadas del mundo.
Por fin, “Vozinha” y Doña Ana, madre e hijo, se funden en un abrazo inmenso que vale más que levantar cualquier trofeo, así sea una Copa del Mundo. Una lección que trasciende la literatura futbolística. Cabo verde es la verdadera madre de los mundiales de fútbol.
