PSG y Luis Enrique siguen imparables en Europa y ahora levantando la Supercopa. Le tocó sufrir ante Aston Villa de Emery, que con lo poco que tiene hace milagros allá por donde pasa, pero salió de nuevo campeón gracias a su mayor pegada. Los goles de Kvaratskhelia y de Doué contrarrestaron el tanto del juvenil Madjo. Fue 2-1 para el cuadro de Luis Enrique que conquistó su segunda Supercopa de Europa consecutiva en Austria.
PSG es una leyenda viva. En esta ocasión, un latigazo tremendo de Kvaratskhelia y una sutil finalización de Doué tampoco tuvieron piedad del Aston Villa de Emery. El cuadro inglés vendió cara su derrota. Los villanos llegaron a Salzburgo en pleno cambio generacional en la plantilla y pese a que tuvieron minutos en el que hicieron sombra al todopoderoso equipo francés acabaron sucumbiendo aunque con honores. Una gran final con sus armas de los de Birmingham. El legado que ha creado Luis Enrique en este PSG se recordará para siempre. Segunda Supercopa de Europa consecutiva, un hito que únicamente estaba al alcance del Milan de Sacchi y el Real Madrid de Zidane. Su décimotercer trofeo en la entidad parisina.
Los pupilos de Luis Enrique venían con la lección ya aprendida y no arriesgaron en ninguna acción. Esperaron su momento y éste llegó con la paciencia habitual de este PSG construído por el técnico español. Amasó y amasó el encuentro hasta que un error en campo propio del punta Madjo (17 años y 212 días, el más joven en jugar una final europea y en marcar) lo aprovechó Kvaratskhelia para batir de un potente derechazo a Bizot. Al georgiano estuvo todo el encuentro claramente con una marcha más. A un nivel excelso, a una altura que recordó su gran pasada temporada.

Emery intentó lo imposible. Apostó como novedad por Brian Madjo, internacional absoluto por Luxemburgo pero nacido cerca de Londres, fichado en enero del Metz y por el que tuvieron que apelar al TAS (Tribunal Arbitraje Deportivo) para que no se le considerara futbolista extranjero (sino inglés) y asi poder jugar siendo menor de edad. Y le salió muy bien.
Era un clavo ardiendo en el que agarrarse. Su manera de sorprender a un PSG mucho más equipo en lo colectivo. La receta era fácil. Aprovechar sus 1,93 metros de altura para amenazar a los centrales galos. McGinn y Buendía lo buscaron y él estuvo sublime descargando de espaldas, siendo incisivo en el juego aéreo, agresivo con balón y potente a la espalda. Todo el peligro del Aston Villa pasó por sus piernas. Pero en el enésimo centro al área de McGinn, el nuevo heroe villano logró batir a Safonov. Un gol de justicia para el mejor jugador del encuentro.

Luis Enrique movió la banca y dejó al debutante Akliouche en el banco. Al arsenal ofensivo francés se sumó Dembéle. Palabras mayores. Y el PSG volvió a ser el PSG reconocible.
De nuevo con el control de la pelota y del ritmo del choque, sacó a relucir su poderio ofensivo… y más ante la arriesgada defensa adelanta que preparó Emery para su Aston Villa. Lo cierto es que Doué sacó petróleo de un pase adelantado de Dembélé que parecía que no iba a ningún lado. Lo resolvió Doué con sutileza aunque lo tuvo que confirmar el VAR tras un supuesto fuera de juego. Gol de PSG y ventaja 2-1 de Luis Enrique que sigue lleno de títulos con la leyenda del fútbol francés.

