En Pathway School, Adrián Espinal no solo entrena niños: les enseña a competir, a equivocarse sin miedo y a crecer con mentalidad fuerte dentro y fuera de la cancha. Con una visión que une fútbol, formación y valores, el técnico venezolano apuesta por un modelo que prioriza el desarrollo por encima del resultado inmediato
MGD: Hoy estás en Pathway School. ¿Qué tipo de proyecto es?
AE: Pathway es una escuela de fútbol donde los niños entrenan por la mañana, de 8:00 a 10:00, y después siguen con su colegio normal. Es un proyecto muy interesante porque combina lo académico con lo deportivo. Trabajamos con niños de distintos niveles, muchos de ellos con formación en academias importantes como Weston, Inter Miami o MLS.
MGD: ¿Cuál es tu rol dentro de Pathway?
AE: Aparte del entrenamiento, participo mucho en la parte psicológica. Nos capacitaron con un psicólogo deportivo, Faheem Muhajid, y trabajamos mucho la mente de los niños, cómo reaccionan ante los errores, las derrotas y la presión. Para mí eso es fundamental.
MGD: ¿Qué mensaje les das a los niños sobre perder?
AE: Les digo que perder no es el fin del mundo. Hoy muchos niños tienen miedo a perder, y yo creo que eso no los deja crecer como deberían. En Latinoamérica uno aprendía desde pequeño a competir con más hambre, con más sacrificio. El fútbol también enseña a levantarse después de caer.

MGD: ¿Qué te enseñó empezar de cero tantas veces?
AE: Me enseñó a valorar el esfuerzo, la humildad y la perseverancia. Yo empecé de cero en Taiwán, donde no conocía absolutamente nada, y luego volví a empezar en Estados Unidos. Pero siempre con la convicción de seguir adelante por mi familia y por el fútbol.
MGD: ¿Qué papel ha tenido tu familia en toda esta historia?
AE: Un papel enorme. Mi esposa, Ana Cristina Ettedgui, ha sido fundamental en todo este proceso. Además, ella viene de una familia muy ligada al deporte. Su hermano trabajó durante muchos años con los Phillies de Filadelfia como traductor, y su bisabuelo fue un periodista deportivo muy reconocido en Venezuela. Eso hace que en su casa también se respire deporte.
MGD: ¿Qué representa tu esposa en tu vida?
AE: Todo. Ella es parte esencial de mi historia. Con ella he pasado por cada cambio, cada país, cada reinicio. Si no fuera por ella y por mis hijos, no podría hacer todo lo que hago.
MGD: ¿Cuántos hijos tienes?
AE: Tengo tres hijos. Una niña de siete años, un niño de cinco y el más pequeño tiene un año y medio. Ellos son mi motor.

MGD: ¿Qué representa Estados Unidos para ti?
AE: Representa una oportunidad enorme. Amo este país porque le abrió los brazos a mi familia. Aquí hemos podido construir una vida, trabajar, crecer y mirar al futuro con esperanza.
MGD: ¿Por qué crees que esa diferencia se nota tanto entre América Latina y Estados Unidos?
AE: Porque en Latinoamérica muchas veces uno crece con más limitaciones, con más necesidad. Eso genera otra mentalidad. Yo vi muchachos en Venezuela que entrenaban sin zapatos, pero con un deseo enorme de salir adelante. Esa realidad te marca para siempre.
MGD: ¿Y Venezuela dónde queda en todo esto?
AE: Venezuela sigue siendo mi raíz. Siento nostalgia por mis padres y por todo lo que viví allá. Me encantaría aportar a mi país desde atrás, desde la formación, ayudando al fútbol venezolano desde otra faceta. Creo que en Venezuela hay mucho talento, pero también mucha política y poca estabilidad en los clubes. Eso hace difícil construir procesos largos. Me encantaría que algún día el país tenga una estructura más sólida, más parecida a la de otras naciones con identidad futbolística fuerte.
MGD: ¿Te gustaría dirigir un equipo profesional o una selección?
AE: Honestamente, no me llama mucho ser primer entrenador. Yo siento que mi lugar está más en la parte de ayuda, en la conexión con los jugadores, en la parte humana y futbolística detrás del escenario. Me gustaría aportar desde ahí, no tanto desde la presión de ser la cara visible.

MGD: ¿Por qué te identificas más con esa labor de segundo entrenador?
AE: Porque me gusta el contacto directo con los jugadores, ayudarlos a crecer, acompañarlos y trabajar en la parte futbolística. El primer entrenador tiene mucha exposición y también mucha política alrededor. Yo me siento más cómodo en un rol donde pueda sumar desde la cercanía y la enseñanza.
MGD: ¿Qué selección se acerca a tu modo de sentir el fútbol?
AE: Definitivamente España por su estilo. Me identifico con el tiqui taca, con la idea de jugar bien al balón, con la inteligencia colectiva. Siempre me han gustado jugadores como Xavi, Iniesta y Pedri.
MGD: ¿Y también eres hincha del Barcelona?
AE: Sí, del Barcelona de toda la vida. Mi abuela era hincha, mi papá también, y además tengo raíces españolas. Mi bisabuela era de Barcelona, por eso tenemos el pasaporte español.
MGD: ¿Qué representa el fútbol para ti hoy, después de tantos años de experiencia?
AE: Es muy difícil explicarlo, porque quien ama el fútbol sabe que no tiene reemplazo. Hasta la gente que nunca ha jugado se identifica con él. Yo creo que el valor del fútbol está más en los principios que enseña que en el simple hecho de ganar o perder. Eso es lo más bonito del deporte.

MGD: Tú has visto la evolución del fútbol en Estados Unidos desde hace años. ¿Cómo comparas ese crecimiento?
AE: El cambio ha sido enorme. El fútbol aquí era mucho más amateur, incluso durante el mundial de 1994. Ahora es otra cosa completamente distinta. Se nota la evolución, la estructura y el interés. Y con el Mundial otra vez en este país, la experiencia que van a vivir los niños será muy diferente, mucho más grande y más especial.
MGD: ¿Con qué estilo de entrenador te identificas?
AE: Me encanta muchísimo la parte táctica. Por eso me identifico con el estilo del Barcelona. Me gusta Guardiola, me gusta Luis Enrique, Klopp me encanta porque son entrenadores muy inteligentes. Simeone también me parece admirable, aunque su estilo no sea el que más me gusta, porque ha logrado sostener un equipo competitivo durante muchos años. También admiro muchísimo a Bielsa. Su forma de pensar me parece increíble.
MGD: ¿Y Johan Cruyff qué representa para ti dentro de esa filosofía?
AE: Cruyff fue clave para moldear lo que es hoy el Barcelona. El club ya tenía identidad, pero él fue un pilar fundamental. Su influencia ayudó a que el Barça desarrollara una manera de jugar muy marcada y muy reconocible. Además, eso permite que los niños de la cantera se adapten más fácil al primer equipo, porque crecen ya dentro de esa idea.
MGD: ¿Cómo era esa metodología de trabajo en el Barcelona?
AE: Muy estructurada. Había pautas claras y una metodología que había que seguir. Todos los lunes teníamos formación de entrenadores, el director escogía un tema o revisábamos partidos del fin de semana. El trabajo estaba muy definido. Había cosas que se hacían de una manera específica, como empezar con posesión o con ciertos ejercicios, y eso formaba parte de una identidad muy fuerte. La cultura del club era muy clara: aquí se juega así.
MGD: ¿Qué tan importante es esa identidad en la formación de los niños?
AE: Es fundamental. En Barcelona, y en academias como esa, la idea no es solo ganar partidos. La prioridad es que los niños entiendan cómo jugar, cómo pasar la pelota, cómo construir desde atrás, cómo pensar el juego. Hay una metodología muy bonita que yo comparto totalmente.
MGD: En cambio, aquí en Estados Unidos y especialmente en Florida, parece haber mucha presión por el resultado. ¿Cómo lo ves?
AE: Sí, la cultura de ganar, ganar, ganar hace mucho daño. Muchos padres asocian el éxito con el resultado inmediato. Eso hace que los niños tengan miedo de cometer errores. Apenas fallan, miran a la grada a ver la reacción del papá. Yo crecí sin que mis padres me gritaran por jugar fútbol, y eso me marcó mucho. Por eso pienso que en edades formativas el niño debe tener más libertad.
MGD: ¿Qué papel juega el error en el desarrollo de un niño futbolista?
AE: Es esencial. El niño necesita equivocarse para aprender. Uno comete errores, corrige, vuelve a equivocarse y así crece. Si le quitas al niño la posibilidad de fallar, le quitas parte del aprendizaje. En el fútbol formativo hay que darles libertad dentro de una estructura. Si eres defensa, por ejemplo, tienes una función, pero también hay espacio para que expreses tu creatividad.
MGD: Mencionaste el fútsal. ¿Qué te gusta de esa modalidad?
AE: Que da libertad. En el futsal los niños encuentran una libertad que a veces no sienten en una cancha grande. Eso les permite improvisar, decidir rápido, perder el miedo. Y eso es algo que también debe existir en el fútbol de formación.
MGD: ¿Qué errores ves en la relación entre padres, entrenadores y niños hoy en día?
AE: Creo que muchos adultos atan el valor del niño al resultado del fin de semana. Y eso es un error. El partido debe servir para evaluar si lo trabajado en la semana funcionó, no para definir si un niño vale o no. Además, los padres a veces gritan demasiado, igual que algunos entrenadores, y eso genera miedo en vez de confianza.
MGD: Desde tu experiencia, ¿qué debería importar más en la formación: ganar o crecer?
AE: Crecer, sin duda. Ganar es importante, pero no puede ser lo único. En edades formativas hay que enfocarse en enseñar, acompañar y permitir que el niño se equivoque sin miedo. El resultado no siempre se controla, pero el proceso sí.
